|
Enviar
artículo | Imprimir
artículo
l
mes de febrero se caracteriza porque le hacemos
tributo al amor y a la amistad. Es por eso que
quiero compartir con ustedes esta vivencia.
Ya
nos vamos a cambiar a otro barrio, yo no sé
ni á dónde. Mi papá consiguió ya el fiador
y trajo las llaves de la casa nueva. Están
arreglando todas las cosas porque mañana,
muy temprano, vendrá la mudanza. Mañana ya
no iremos a la escuela. Mañana también, figúrense,
ya no jugaré con ustedes. Siento como si me
fuera a morir. Yo no quisiera cambiarme. No
quisiera cambiarme.
Quisiera
quedarme a vivir en tu casa, Adriana, ¡qué
bonito sería! Como hermanos, pero como hermanos
distintos… yo no sé cómo decirte lo que te
quiero decir…; como hermanos que echan de
ver que son hermanos y no se pelean, y viven
siempre muy contentos, y se convidan las golosinas.
¡Vivir en tu casa, jugar todas las noches
y en el día, ir juntos a la escuela, a la
iglesia, a pasear; desayunar y comer juntos;
platicar sin que nos cansemos! Pero no se
puede. ¡Qué tristeza que no se pueda! Tener
que cambiarme y acaso no volverte a ver. No
volverte a ver. Como si nos muriéramos. O
lo que es más feo: pensar que después de mucho
tiempo, si nos encontramos en el centro; o
vengo yo al barrio, o pasas tú por mi casa,
no me hablarás, o me hablarás de usted, por
mi apellido, como otros muchachos. Qué feo.
Qué feo. Tener que cambiarme lejos; dicen
en mi casa que al fin del mundo, por un rumbo
opuesto. Mañana.
Mañana
en la noche ya no podremos jugar. Ahora podríamos
jugar hasta muy tarde, pues no, me hablarán;
hay visitas en mi casa, que van a despedirse;
y también están ocupados en arreglar las cosas;
ya desarmaron las camas; ahora dormiremos
sobre los colchones, en el suelo. Podríamos
jugar hasta muy noche; pero no tengo ganas
de jugar. Y es en estos momentos donde me
pongo a pensar lo que no hice o lo que no
dije porque pensé que siempre estaría aquí,
con mis amigos y contigo. Ya no escucharé
el pito del sereno, ni al gallo de la vecina
cantar, ni al panadero, ni a tu mamá pidiéndote
que saques la basura.
Adriana,
ya no escucharé tus gritos pidiéndome que
salga a jugar, para después en la tarde comprar
charamuscas en la tienda, y sentarnos bajo
el árbol de almendro. Volar piscuchas cada
vez que el viento nos da la oportunidad de
volarlas, y sentir la emoción de cuál es la
más alta o cuál es la que se suelta y se pierde
o la que queda atorada en algún poste. Cuantas
cosas Adrianita pasamos juntos, cuando te
dieron tu primera bicicleta y te turnabas
para que yo me subiera y jugara con ella.
Mañana ya no estaré aquí, pero quiero que
sepas que siempre pensaré en ti y te llevaré
en mi corazón; juega… que mañana te darás
cuenta de mi triste pena y yo no estaré aquí
para consolarte, porque sé que sentirás el
mismo dolor. Mientras: te veo feliz jugar,
yo no puedo arrebatarte la felicidad diciéndote
que me voy y que nunca más te volveré a ver,
porque no tuve el valor de decir adiós para
siempre…
Yo
soy tímido, medio mudo y no se platicar, pero
ahora se me ocurre tanto que decirte, mis
sueños, de lo que divago cuando me quedo largos
ratos distraído, de lo que siento. Quien sabe
de qué tengo ganas pero se que no tengo ganas
de jugar. Quien sabe porqué estoy así. Quisiera
saber si es sólo el cambiarme de casa o ya
no volver a verte. Quisiera pedirte perdón
por no haberme despedido de ti, pero considerando
que sólo tengo nueve años, espero que algún
día comprendas que no podía expresar mi sentimiento
sin ponerme a llorar. El tiempo pasó y yo
no te olvido…
Si
usted desea enviarnos sus vivencias para que
sean publicadas en este espacio, puede enviarlas
a: rocio_pixelescuscatlecos@hotmail.com
Artículo:
Adolfo Martínez.
luzcecitas@yahoo.com
Fotos:
Sara Rocío Sánchez Rodríguez
rocio_pixelescuscatlecos@hotmail.com
Nuestros
previos canales:
|