A tu vestido negro, Olimpia
Artículo: Claudia Olmedo
Hasta hace poco
no había nada más bello que estar con Olimpia. Cierro los
ojos y con un suspiro hondo, profundo y sentido, vuelvo
atrás y corrijo: hasta esta noche no había nada más bello
que estar con Olimpia.
Con Olimpia, con
ella. Y yo nunca te dejaría Olimpia, nunca te voy a dejar.
Y tú, estuviste ahí desde siempre, desde que te jalaba dentro
del colegio por los pasillos brillantes y recién trapeados.
Desde que te odiaba, Olimpia. Pero ahora estás conmigo,
y yo te digo que te vas a ir conmigo.
Olimpia, si vieras
Olimpia, yo te llevaría conmigo. Pero esta noche, esta noche
no. Y qué violencia, qué violencia de volver a tocarte,
amiga, de volver a palpar tu frialdad con mis manos temblorosas,
de tocarte suavemente, tratando solamente de rozarte. Clac,
clac, clac, como en los viejos tiempos, como cuando podíamos
vernos en las tardes y en las noches. Como cuando te detestaba
tanto que ya ni te acuerdas, porque sí, es verdad, después
te necesitaba y ahí estabas dormida, y se te olvidaban mis
rabietas y me dejabas tocarte como antes.
Hasta esta noche.
Esta noche te he dejado pero no es porque ya no te quiera,
tú sabes que sí, y te lo he dicho aunque no me respondas
y sigas tan indolente que ya no sé hablarte y contarte todo,
porque tú sabes que te lloré cuando te tocaba, mientras
me aferraba a tu tacto helado, inmóvil como estabas, con
estuviste siempre. Y aún sin moverme cómo me amarrabas a
ti, Olimpia.
Hoy es la primera
vez que escribo sin ti. Y cómo voy a extrañar equivocarme
contigo y gritarte sin razón, pero entiende que es necesario
que te deje para poder ser. Y ahí donde estás, sin moverte
ahora, me pareces más hermosa sin mi a tu lado.
Esta noche no,
Olimpia, ni la que sigue. Es difícil abandonarte para verte
sin traición, volver a verte de reojo, bella, entornar los
ojos, vieja, volverte a ver, me llamas, mirar al techo,
te detestaba, bajar la vista, clac, clac, clac, cerrar la
boca, clac, clac, clac…vieja amiga...
Llévesela, se
la vendo, se la regalo... No se la lleve, es mi Olimpia...
(Es buena, trabaja bien, mírela, está entera... Es mía,
a mí me sirve...) Ya se compró la computadora, esta barata...Unos
días más, en lo que me acostumbro... No moleste, ya me había
dicho... Tan vieja, tan buena tan anaranjada, tan metálica...
Tan buena, mi hija está aprendiendo, dice que va a ser secretaria...
A mí qué me importa, yo quiero a la Olimpia...Si sólo es
una máquina de escribir, además ya está vieja... Devuélvamela...
Dios se lo pague... Tráigamela de vuelta la necesito. Hay
vengo (Jueves...Adiós bonita...que esté bien... No se enoje,
pero se me olvidó... No se preocupe, se me pasó... ¿De veras
la quiere?... Sí, pero no... ¿Ya no?... No, quédesela...
Gracias... Por amor nadie se muere... Por una Olimpia vieja
maltrecha tampoco, estee.., eh si verdad... de verdad...
Yo no sé… ni yo tampoco... Adiós... Adiós…
Cuídemela, sí...