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Un
niño a quien amar…
¿Dónde lo encuentro si he sido
yerma como la
Yerma de García Lorca?
Y, sin embargo, tengo amor a
raudales
Para todos, para todos los niños de la
tierra.
Amo al niño que vaga por la
calle pendenciera y procaz, astuta y
bullanguera, Que pide un cinco y
suelta palabrotas, al niño del campo que viene
canturreado por las sendas amargas
del camino, dejando huellas húmedas
de barro olorosas a campo y rocío.
Amo al niño de la finca
que esconde una sonrisa y que se
acerca con cierta timidez a saludarnos
buscando un caramelo. Al que
cantando salta en las barrancas o
hilvana sueños silbando entre las
milpas.
Pero mi amor también alcanza
hasta el hijo del rico, mi vecino, ojos
de cielo azul, cabello blondo,
sonrosado como una porcelana,
oloroso a jabón y ropa fina, suavecito
como pétalo en flor de madreselva;
dan ganas de besarlo y con toda
suavidad depositarlo en su cuna
rodeado de peluches.
Amo al niño feliz, a aquel que
juega con camiones, triciclos y
avionetas, a la niña que juega con
muñecas tan lindas como ella y a la
que, a falta de muñecas, con
canciones y besos acuna en su regazo
a la hermanita.
Tengo amor a raudales para los
niños tristes y solitarios…
El corazón de la mujer es
siempre un nido caliente de amor y
de ternura. Y en el mío también,
aunque no tuve nunca la bendición de
un hijo, en el mío también... Callad,
no hagáis ruido.
Que junto a mi corazón hay un niño.
Un niño quiere amar
Carmen
Rivas Zarate
(Q.E.P.D)
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