|
Enviar
artículo | Imprimir
artículo
Clásicos
de la literatura
“Solamente
una vez”.
Francisco
Andrés Escobar.
(1942)
sta
enriquecedora pieza literaria fue escrita
en 1997, “Solamente una vez” es un libro que
ofrece una amplia selección de producción
literaria, que abarca los temas familiares,
históricos y sociales. Es un poemario lleno
de nostalgia, conciencia, justicia y esperanza.
Francisco
Andrés Escobar también ha irrumpido en la
literatura salvadoreña como autor de ensayos,
cuentos y piezas de teatro.
Poeta
que ha dedicado largos años a la docencia
universitaria, aportando a la formación intelectual
de los jóvenes salvadoreños un acendrado humanismo
solidario. Se le otorgo el Premio Nacional
de Cultura en 1995.
En
“Solamente una vez” encontramos entre muchas
otras, esta poesía:
Bendición
de la Nana
I
“Sobreviene
el silencio de escondrijo lejano
a habitar la hornacina de un querido presente.
¡Hay instantes fugaces...!
¡Hay relámpagos claros en los cielos del alma
que alumbran los resquicios
de anteriores edades!
¡Hay transportes de fuego a pasadas estancias,
a viejos limoneros, florecidos traspatios,
a la mano que amasa los panes cotidianos
y vuelve de faenas con olor de azahares!
¡Hay momentos cuando algo del adentro nos
vuela
y se posa en geranios,
en arcones con años
guardianes del misterio de voces apagadas!
¡Hay iconos amados que vuelven a sitiales
que en dolor, o en amor, construyeron despacio!
Hay instantes furtivos, como juegos del alma,
cuando el tiempo nos pide revelar su retrato...
Y entonces, por la puerta que el recuerdo
entreabre,
instalan su presencia las cosas y sus nombres.
Esas cosas que el tiempo consagró como enormes,
esos nombres que Dios los signó con su nombre.
II
Entre
las hornacinas de mis predilecciones,
entre las mil imágenes de un santoral amado,
refulge con sus luces de tonos celestiales
la imagen de mi nana.
Como eslabón bendito entre Dios y mi madre
vino con su presencia
y dejó atrás su raza.
Ella vino de un cielo de morenos arcángeles,
de un país de canela con olores de salvia,
de un cielo de amapolas,
de un mundo en que la sangre lleva, entre
sus torrentes,
perfiles de la raza.
Su tierra era de templos de roca milenaria,
de volutas celestes que celebran el agua,
la flor,
el nacimiento,
los veranos salvajes.
Lugar donde las fieras no padecen el hambre
porque la misma tierra les nutre las entrañas.
Dejó atrás su pasado,
sus dioses,
sus rituales;
tal vez algún amor que encendido esperaba
el suave plenilunio para juntar las alas.
Y se vino hasta aquí,
por esas coincidencias que la vida traslapa,
que confunden al hombre,
que son irracionales;
pero que los poderes eternos predisponen,
como abren los caminos donde anda la esperanza.
Ella entró a un mundo extraño
de colores más claros,
con tonos de pastel como pintura de agua,
a un mundo de costumbres, sin profundos rituales,
a un mundo en que las cosas tenían líneas
dadas.
Y allí, desde un principio,
ella fue soberana,
porque desde sus lares traía dos regalos
cuya fina envoltura era epidermis de alma:
la hondura del saber que le dejó su raza,
no de signos y números de carácter arábigo,
sino todo el saber que dejan las edades
en las que la experiencia
vuelve reflexionando;
y se trajo el amor a todo lo que es santo:
ese amor del humilde que lee sobre el árbol
la caricia pedida
y la da con la mano;
ese amor que es eterno,
de telúrico estambre,
que es AMOR a la vida y FE en destinos grandes.
Y así vino... sencilla...
perfumada de gracia,
con incompleto amor estragado en la entraña
y con un gesto dulce
de paz y de nostalgia.
Y me entregó el calor de sus hijos no dados,
y la oración de un huerto que vivió solitaria,
el calvario terrible de abandonar su raza
y empezar con un mundo
a partir de la nada…”
(Sigue
en Ventana
poética…)
Le
invito a que adquiera y navegue en estos bellos
poemas que tiene “Solamente una vez” de Francisco
Andrés Escobar, edición #51 de la Colección
Poesía. Dirección de Publicaciones e Impresos.
CONCULTURA. Hasta nuestro próximo Clásico.

Artículo:
Maribel Sánchez.
luzcecitas@yahoo.com
|