Alfonso Quijada Urías es uno de los principales poetas salvadoreños de las últimas décadas. Nació en la localidad de Quezaltepeque. Departamento de La Libertad, El Salvador, el 8 de diciembre de 1940.
Le toca en suerte iniciar su carrera literaria, en un momento de una intensa vida cultural.
Alfonso empezó a publicar sus primeros poemas en los espacios de difusión literaria de los periódicos de la época. Por ejemplo en las paginas culturales de la Prensa Gráfica, Diario Latino y El Diario de Hoy.
La obra de Alfonso empieza a tener reconocimientos a nivel nacional. Entre ellos se encuentra un premio de poesía de la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador (segundo lugar, otorgado en 1962), así como los premios de los Juegos Florales de Usulután y Santa Tecla, en 1965 y 1966, respectivamente.
Al comenzar la guerra civil salvadoreña en 1981, Alfonso sale del país. Cuatro estaciones hace en su camino: México, La Habana, Managua y la ciudad canadiense de Vancouver. Vive, trabaja, padece, ama, añora y escribe bajo esos cielos. Esos años, tremendamente duros, le ayudaron a ver al país en perspectiva y a permearse de nuevas influencias culturales. Ello, según dice el poeta, le posibilitó abrir sus horizontes a su creación literaria.
Llegada la década de los noventas, Kijadurías (así empieza a firmar sus trabajos, siguiendo la escritura fonética de sus apellidos) alterna su residencia en Vancouver con breves temporadas en el país. En 1992, año de la firma del cese al enfrentamiento armado en El Salvador, publica una antología poética titulada Reunión (claves Latinoamericanas, México), dedicada a la memoria del poeta Alfonso Hernández, muerto en el frente de guerra. A Hernández, quien fuera su amigo entrañable, dedicó, años antes, un emocionado prólogo para la compilación póstuma de sus poemas "Esta es la Hora" (ediciones Plural, 1989).
En la antología "Toda razón dispersa", preparada por el autor, hay una muestra bastante amplia de su trayectoria poética. Casi treinta años de su poesía están reunidas en estas páginas.
En fin, tenemos ante nosotros a un escritor apasionante. Sus textos son una aventura para el alma. Sea ésta una buena oportunidad para que nos encontremos con una escritura que abre grandes posibilidades expresivas.
Tomado de la presentación de Luis Alvarenga para el tomo número. 28 titulado "Toda razón dispersa" de Alfonso Kijadurías. Biblioteca Básica de Literatura salvadoreña.
Primera edición, Dirección de Publicaciones e Impresos. Consejo Nacional para la Cultura y el Arte, CONCULTURA, 1998.
En nota del editor se aclara que: "La selección de los poemas contenidos en este volumen fue realizada por el propio autor"
Inicie la aventura de conocer otro Clásico de la Literatura salvadoreña, "Toda razón dispersa" del recientemente homenajeado Alfonso Kijadurías.
De su poemario: El Gran Método (1971) contenido en este volumen, transcribo para ustedes:
Necesidades.
Necesito a mi mamá, con edipiano amor, sus desayunos humanísimos.
La ingenua libertad de ese niño en sus faldas suspirando la culpa original.
Aquel domingo de misa, pan y sol y la muchacha aquella burlándose de mi amor tontísimo.
Necesito de Dios y su absurda existencia para luego volverme materialista y soñador.
Necesito de mi mal ponderada familiaridad de padre, casarme una vez más con la madre de mis hijos. Que me digan lo pequeño que soy. Necesito de veras volverme a ver en el espejo limpio de la casa y cambiarme de ropa y salir a esperar como un novio solemne a la vida, esperándome. Necesito una vez más que mi tata me pegue con los puños terribles de patriarca y que me diga bruto, inútil, polvo de la noche delirante y brutal.
Necesito que las gentes acudan a mi paso. De veras necesito que me quieran. Me besen todos los labios del mundo. Y que me dejen, me dejen, por favor, crecer un poco más con mi vejez de niño atolondrado.
Maribel Sánchez
pixelescuscatlecos@saltel.net